‘Jesus Christ Superstar’ resucita en el Hollywood Bowl con una versión desafiante, pero sensible
Por Sergio Burstein
Staff Writer and Assistant Editor
Los latinos no somos ajenos a los encantos de “Jesus Christ Superstar”, o, como la conocemos en español, “Jesucristo Superestrella”. Y esto se debe mayormente a que, en 1975, cinco años después de su creación original en inglés, se generó una memorable versión en nuestro idioma que tenía al frente al insuperable Camilo Sesto, quien se encargó además de financiarla.
Pese a que no logré ver ninguna de sus presentaciones en vivo (era muy chico para hacerlo), estuve constantemente expuesto a la música que empleaba debido al disco de vinilo que pertenecía a mi padre y que reproducía el contenido completo de la obra; y pasó probablemente lo mismo con muchos integrantes de mi generación.
Quienes tienen un conocimiento mayor del trabajo saben ya que su primera versión grabada fue protagonizada por Ian Gillan, el icónico vocalista de la banda de rock clásico Deep Purple, quien aprovechó las virtudes de su poderosa voz -y la eficacia de sus memorables falsetes- para brindar una ‘performance’ de lujo. Tampoco es fácil olvidar a Ted Neely, quien aprovechó al máximo su rango en la recordada película de 1973. De ese modo, y con el respaldo de los hechos históricos, lo que siempre hemos esperado es que el personaje sea un hombre.
Esta era la principal expectativa que se vio desafiada cuando se anunció que la breve temporada de la ópera rock en el Hollywood Bowl -que se desarrolló este fin de semana, desde el viernes hasta el domingo- iba a tener en el rol principal a una mujer ‘queer’ de color, Cynthia Erivo, celebrada por su rol estelar en la película de “Wicked”, que le dio una nominación al Oscar en la categoría de Mejor Actriz.
No es necesario remarcar la indignación que esto generó entre los conservadores de siempre. Por ese lado, tampoco es un detalle menor que el codiciado rol de Judas -quien compite por el protagonismo en el montaje- haya sido puesto en las manos -y en las cuerdas vocales- de un hombre gay, Adam Lambert, quien se dio inicialmente a conocer por su participación en el ‘reality’ “American Idol” y que, más adelante, se convirtió en el cantante del grupo Queen debido a su habilidad para alcanzar las increíbles notas logradas por el fallecido Freddie Mercury.
Lo cierto es que, en desmedro de su temática religiosa, el trabajo creado por los británicos Andrew Lloyd Webber (música) y Tim Rice (letras) tenía una curiosa intención laica que se ha ido desvirtuando con el paso del tiempo, pero que intentaba una aproximación crítica al fenómeno del cristianismo. De hecho, en sus representaciones más fieles, no figura la resurrección (lo que, dicho sea de paso, arruina de algún modo el título de nuestra nota, aunque lo empleamos con intenciones figurativas).
Por todo lo dicho, lo primero que había que descubrir al asistir a la primera función del evento, que se llevó a cabo este viernes, era el modo en que Erivo se había enfrentado al reto y con qué eficacia podía cumplirlo. Ante tantas expectativas, era natural que desconfiáramos inicialmente de su interpretación, que, inicialmente, parecía carecer de la potencia que esperábamos.
Sin embargo, con el paso de los minutos, se fue haciendo más claro que este tipo de caracterización fue decidido conscientemente para resaltar esos aires de vulnerabilidad que se quisieron imprimir a un personaje -hablamos del Jesus de “Superstar”, claro- que, en otros casos, ha lucido más bien arrogante.
