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Redacción Noticiasenlineard
La paciencia de los residentes de la comunidad de Las Charcas, ubicada en la zona sur de Santiago de los Caballeros, ha llegado a su límite constitucional. Bajo la enérgica consigna de “queremos agua”, los comunitarios se han lanzado a las calles para denunciar públicamente que llevan más de dos meses sin acceso al agua potable. La raíz de este colapso en el suministro se debe a que la bomba de la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santiago (CORAASAN) que abastece a esta localidad se encuentra totalmente fuera de funcionamiento, dejando desamparadas a cientos de familias.
A lo largo de estas ocho semanas de sequía forzada, la calidad de vida de los moradores se ha deteriorado drásticamente. Para poder realizar los quehaceres domésticos más elementales, las familias se han visto obligadas a comprar camiones cisterna privados, desembolsando sumas que oscilan entre los 1,500 y 2,500 pesos por cada viaje. Los afectados señalan que esta alternativa económica es insostenible, ya que dicha cantidad de agua apenas les rinde para dos o tres días de uso consciente.
Por su parte, la respuesta institucional de CORAASAN ha sido calificada como una burla por los comunitarios. Durante todo el período de la avería, la entidad solo ha enviado camiones en dos ocasiones, racionando la entrega a apenas dos tanques por vivienda. “Eso no es suficiente, uno tiene que lavar, limpiar y todo con eso”, manifestó con indignación la comunitaria Kenia Checo, quien además criticó que ninguna autoridad se ha acercado a dar la cara. “Solamente dicen que la bomba la van a arreglar, que la están arreglando; cuentos van y cuentos vienen y nunca terminan el trabajo”, puntualizó.
El descontento social se agrava al revelar que, a pesar de no recibir el servicio, las facturas mensuales de CORAASAN siguen llegando de manera puntual a las casas, cobrando tarifas que van desde los 300 hasta los 400 pesos por un líquido inexistente. Para colmo de males, los vecinos denuncian que las raras veces que el acueducto envía algo de presión, el agua llega con un color amarillento y cargada de sedimentos de tierra. “Es agua directamente del río que nos mandan, nosotros queremos agua buena, del acueducto”, reclamó la señora Pamela Rodríguez, quien además denunció que las tuberías principales de las calles están rotas, provocando que el poco líquido que envían se desperdicie en el pavimento sin que nadie acuda a repararlo.
La crisis humanitaria ha escalado a niveles físicos alarmantes. La señora Delcys Rosa narró entre lágrimas que ya padece de problemas crónicos en una de sus piernas debido al esfuerzo diario de cargar agua en carretillas para su hogar. Rosa, quien reside en Las Charcas desde 1992, asegura que la precariedad ha sido histórica, pero nunca a los niveles actuales. Frente a este panorama de abandono masivo, la comunidad exige formalmente que CORAASAN asuma su responsabilidad, repare la bomba de manera definitiva y proceda a suministrarles agua potable tratada desde el acueducto de Bella Vista, cancelando de una vez por todas el envío de agua cruda del río.