Créditos: James Wagner / The New York Times — Fotografías: Luis Antonio Rojas / The New York Times)
CIUDAD DE MÉXICO.— El olor a pintura flotaba en el aire del Aeropuerto Internacional Benito Juárez. Los martillos neumáticos zumbaban. Los pasillos estaban bloqueados con maquinaria pesada y cinta de precaución.
Así lucía la principal terminal aérea de México en los días previos al inicio de la Copa del Mundo 2026, mientras los funcionarios trabajaban sin descanso para completar una remodelación valorada en 500 millones de dólares. El reto no era menor: el aeropuerto, con casi 100 años de existencia, que desde hace tiempo dejó de tener el tamaño necesario, presenta goteras y está tecnológicamente desactualizado, debía mantenerse en operación durante toda la obra.
Se esperan más de cinco millones de visitantes en México durante el torneo de seis semanas, organizado conjuntamente con Estados Unidos y Canadá. Las autoridades aeroportuarias indicaron que entre tres y cuatro millones de pasajeros pasarían por el Benito Juárez, y aseguraron que los trabajos estarían terminados a tiempo.
“Sí se va a alcanzar al 100 por ciento”, afirmó el almirante Juan Manuel Muñoz Gómez, de la Armada de México, quien supervisó la remodelación ordenada por la presidenta Claudia Sheinbaum hace un año.

Sin embargo, la Copa del Mundo puso la infraestructura aeroportuaria de la capital bajo un escrutinio incómodo. Aunque las renovaciones orientadas a los pasajeros concluyeron el 31 de mayo, la semana pasada surgieron dudas sobre la calidad de los trabajos cuando se derrumbó parte de un puente peatonal, bloqueando el tráfico en las inmediaciones del aeropuerto.
Los expertos señalan que las instalaciones, saturadas y descuidadas durante décadas, no son dignas de una de las ciudades más grandes del mundo, con un área metropolitana de 23 millones de habitantes, ni de un país de 133 millones de personas con una economía en expansión.

El origen del problema se remonta a 2018, cuando el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador canceló la construcción de un nuevo aeropuerto valorado en 13,000 millones de dólares, cuando el proyecto ya estaba completado en un tercio. En su lugar, edificó un aeropuerto comercial de 4,000 millones de dólares en una base aérea militar ubicada al doble de distancia del centro de la ciudad: el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, inaugurado en 2022, que el año pasado atendió a apenas siete millones de pasajeros, frente a los 45 millones del Benito Juárez.
Para Peter Cerdá, director ejecutivo de la Asociación de Transporte Aéreo de América Latina y el Caribe, las renovaciones realizadas en el Benito Juárez son en gran medida cosméticas. El aeropuerto, que abrió en 1928 y cuya primera terminal fue ampliada en 1952, había llegado a “un punto de colapso”, y el trabajo reciente no pasa de ser, en sus palabras, “curitas”.
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Las mejoras operativas pendientes se reanudarán una vez concluido el Mundial. Mientras tanto, el torneo más visto del planeta pondrá a prueba si la remodelación fue suficiente para responder al histórico aumento de demanda que se avecina.
