El grito de la Región Enriquillo
BARAHONA — Ni las lluvias de la madrugada ni el sofocante calor detuvieron lo que ya se califica como uno de los mayores hitos de resistencia ecológica en la historia reciente de la región Enriquillo. Este domingo, miles de ciudadanos procedentes de las cuatro provincias del Suroeste y diversas delegaciones nacionales desbordaron las calles de Barahona en una contundente marcha-caravana. El objetivo fue claro y tajante: frenar de inmediato la explotación minera indiscriminada en el Bahoruco Oriental y exigir al Poder Ejecutivo respuestas reales, no “caramelitos políticos”, ante demandas históricas que llevan décadas engavetadas.
La movilización, convocada de manera firme por la Coalición Enriquillo —tras rechazar las tibias propuestas de una comisión del Palacio Nacional que intentó frenar la protesta sin ofrecer soluciones reales—, unificó a sectores comunitarios, religiosos, agrarios y profesionales en un reclamo unánime: “¡Agua sí, minería no!”.
El Bahoruco Oriental no se vende: Se defiende
El corazón de la protesta radica en el sistemático ecocidio que amenaza al sistema montañoso de la Sierra de Bahoruco. Las organizaciones denunciaron que las operaciones extractivas de la multinacional Belfond Enterprise en las áreas protegidas de Las Filipinas y Santa Elena, así como otras empresas de agregados en La Guázara y El Cobo, están destruyendo la principal fábrica de agua de la región.
“No estamos ante un conflicto provincial, sino ante una emergencia de supervivencia regional. En estas montañas nacen más de 23 ríos y arroyos que sustentan la vida, los acueductos y la producción agrícola de todo el Suroeste. Permitir que se sigan destruyendo a cambio de migajas económicas es una traición al futuro de nuestra gente”, reza el manifiesto leído por el coordinador Leonardo Mercedes (Leo).
Un puerto secuestrado por el polvo y la contaminación
La línea crítica de los manifestantes apuntó también hacia el muelle local. Denunciaron que el Malecón de Barahona y populosos cascos urbanos permanecen bajo una constante nube de polvillo debido al incesante tránsito de volquetas cargadas de agregados minerales. A pesar de los operativos de limpieza “de última hora” ejecutados por empresas concesionarias en vísperas de la movilización para maquillar el impacto vial, la comunidad calificó la acción como una burla hipócrita. Exigieron formalmente al presidente Luis Abinader prohibir la exportación de minerales a granel por el muelle urbano y construir instalaciones industriales especializadas fuera de la ciudad.
El pliego de un Suroeste olvidado por el Estado
Además de la bandera ecológica, la marcha colocó sobre la mesa el descontento social por las promesas incumplidas del Gobierno central: Presa de Monte Grande: Exigieron la licitación inmediata de las obras complementarias pendientes y los canales de riego indispensables para la producción agrícola regional.
Consorcio Azucarero Central:
Demandaron la revisión y cese de contratos que atentan contra la economía campesina y la soberanía de tierras cultivables en el Valle de Neiba
Humedales en Crisis:
Reclamaron la intervención urgente para el rescate y saneamiento integral de la Laguna de Rincón, vital ecosistema en avanzado deterioro biológico.
La jornada cerró de manera pacífica pero con una clara advertencia de los organizadores: la Coalición Enriquillo y las comunidades organizadas mantendrán los esquemas de movilización callejera y elevarán la presión hasta que se firmen decretos concretos que garanticen el fin de la depredación minera en el Suroeste.
