Varang (Oona Chaplin) en una escena de “Avatar: Fire and Ash”. (20th Century Studios)

Por Sergio Buerstein
Staff Writer and Assistant Editor
Cuando accedió a la llamada virtual que la conectó con Los Angeles Times en Español, Oona Chaplin no cabía en sí de la emoción. Esto no se debía al entusiasmo que le provocaba estar hablando con nosotros (bueno fuera), sino a que ese mismo día se estrenaba en salas del mundo entero “Avatar: Fire and Ash”, una megaproducción que, además de encontrarse entre los estrenos más esperados del año, la muestra en un papel especialmente relevante.
Y no era lo único que tenía que festejar, porque muchas de las críticas de la película, que ya habían sido publicadas, la colocaban como el punto de atracción principal de la nueva cinta, en las que sus vivaces expresiones y la intensidad de su mirada atraviesan los confines del ‘maquillaje digital’ empleado para transformarla en la fiera y seductora Varang.
Este debería ser un punto decisivo en la carrera de una actriz que, a pesar de contar con un historial histriónico de casi dos décadas y de haber participado en numerosas series anglosajonas de televisión (como “Game of Thrones”, “Taboo” y “Treason”), así como en diversas películas españolas de cine (como “Purgatorio”, “Proyecto Lázaro” y “Tierra firme”), lleva todavía sobre los hombros el peso de su ilustre ascendencia, porque es nieta del legendario actor y director británico Charlie Chaplin (y, por lo tanto, hija de Geraldine) y bisnieta del no menos célebre dramaturgo estadounidense-irlandés Eugene O’Neill.
Lo que pocos saben es que la misma intérprete tiene profundas raíces latinoamericanas, porque su padre es Patricio Castilla, un respetado director de fotografía chileno que tuvo que abandonar su país tras la llegada al poder del dictador Augusto Pinochet, y que era a su vez hijo de Hilda Valderrama, una abogada de origen mapuche que luchó por los derechos de los indígenas de la región.
En ese sentido, valía todavía más la pena que conversáramos con Oona, quien nació en Madrid y pasó varios años en España, pero que, en realidad, ha vivido en diferentes partes del mundo, incluyendo al Reino Unido, Suiza, Escocia y Cuba. Los resultados de la entrevista que nos ofreció pueden encontrarse a continuación, tanto en una versión de texto debidamente editada y condensada como en su formato original de video.
Oona, ¿cómo fue para ti enfrentarte a un personaje con el que tienes incluso una conexión en términos de identidad debido a tus ancestros? Porque se sabe que James Cameron creó a los na’vi pensando en diferentes culturas indígenas.

Avatar es una saga que ha podido entrelazar aspectos de mi vida que llevo en el corazón, sobre todo en relación a la cultura indígena. Y cuando digo ‘cultura indígena’, soy consciente de que hay miles de ellas; pero todas están conectadas de alguna forma por la veneración de la vida, la conexión con la naturaleza y valores que son universales.
Es algo que me fascina, y no solo por la sangre, porque si bien es verdad que mi abuela era mapuche y aymara, no practicaba la cultura, y ser indígena no es una cuestión de raza, sino de cultura. Sea como sea, la herencia racial que ella tenía me llamó mucho la atención, y fui a Chile para conectarme con algo que me estaba jalando de las trenzas.
Es una curiosidad que sigo teniendo, para comprender de dónde venía mi abuela y qué es lo que tuvo que pasar para que rechazara esa identidad. Luego me di cuenta de que mapuche significa persona de la tierra, por lo que yo no podía ser una mapuche del sur de Chile; pero sí podía dedicarme a tratar de ser una persona de la tierra. Llevo 15 años invirtiendo mucha energía en la investigación de la tecnología indígena, desde la cultivación hasta las medicinas, pasando por la construcción y la comprensión de la cosmología.
He trabajado mucho en este ámbito, y estar en Avatar representando esa pasión que tengo por la cultura, por el idioma y por las diferentes formas de conectarse con nuestro universo fue un gran honor, pero también un gran reto.
En internet, los fans de Avatar han tratado de determinar de dónde viene la inspiración para cada comunidad na’vi que aparece en la saga, y también han hecho especulaciones sobre la comunidad a la que pertenece tu personaje, la de los mangkwans. Pero dudo que James te haya pedido que investigaras a una comunidad en particular para interpretar el papel.
No, en absoluto. Cada cultura evoluciona con su medio ambiente. En la misma Amazonía, cada grupo es diferente, porque tiene pájaros y condiciones distintas a las de los otros. Hay inspiración, claro, y mucha comprensión, pero a la vez algo muy específico y coherente con el entorno en el que los personajes viven.
Varang está muy disgustada ante una circunstancia negativa con el medio ambiente que la ha llevado a rechazar a la deidad central de la franquicia.
Me centré mucho en el trauma, en el dolor que tiene en el corazón y que no ha podido superar luego de ver que su existencia, su forma de ser, su familia, su casa y su campo fueron cubiertos por cenizas. Entonces, ella rechazó a Ewa, la diosa de la vida, sin entender que, si no hay sitios donde esta se pueda conectar con la biología, no hay posibilidad de que pueda tener presencia. Después de eso, fue al fuego y aprendió del fuego, que se convirtió de repente en el poder mayor para ella.
Lo que ignora es que, al seguir estando viva, sigue teniendo a Ewa a su lado. Pero no se da cuenta, porque su dolor es demasiado; es un duelo muy profundo que no ha podido sanar y que la hecho caer en un estado constante de furia.
Varag está muy obsesionada con las armas de fuego que llegan con los invasores humanos y que son prácticamente un tabú en Pandora; pero también tiene un lado muy sensual. James ha mencionado que, a pesar de que había hecho audiciones para el personaje con actrices mucho más famosas que tú, quedó fascinado con el énfasis que pusiste en ese aspecto, y que la lleva a ver a un supuesto enemigo, el General Quaritch, no solo como proveedor de armas, sino también de unos placeres carnales que no se esperaban en una franquicia como esta.
Pensé mucho en ese aspecto sexual durante el casting, casi como una intuición, porque es parte del ‘puzzle’ de su persona. Al romper su lazo y su lealtad con la diosa de la vida, ella deja de estar alineada. En cierto modo, tiene como misión pervertir el instinto de la vida, que es en realidad por lo que se practica el sexo, como un impulso que se relaciona también al amor y a la creatividad. Para ella, no se trata de eso, sino del poder. Usa su sexualidad como arma de poder.
Y también es la chica mala que trae las drogas. Bueno, en realidad, emplea esa clase de sustancias alucinógenas que también están vinculadas a costumbres indígenas y que no se utilizan necesariamente de manera recreativa. En su caso, se relacionan a las prácticas chamánicas oscuras en las que se ha metido, ¿no?
Bueno, ella es una tsahìk. Muchas culturas usan esas plantas para sanar, para comprender, para salir de la conciencia habitual; no las usan de este modo. En mi opinión, la substancia que sopla a la nariz del coronel predata al volcán. Creo que es algo que ellos usaban ya, y que podían comprender cómo funcionaba. Pero ella lo ha pervertido también, porque lo emplea para la dominación.
