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Ana Corina Sosa, hija de la líder opositora venezolana María Corina Machado, es recibida por el vicepresidente del Comité Noruego del Premio Nobel, Asle Toje, mientras representa a su madre en la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz en el Ayuntamiento de Oslo el 10 de diciembre de 2025 en Oslo, Noruega. El Premio Nobel de la Paz de 2025 fue otorgado a Machado por sus esfuerzos para instaurar la democracia en Venezuela, desafiando el régimen autoritario del líder venezolano Nicolás Maduro. ODD ANDERSEN AFP via Getty Images
La líder opositora venezolana María Corina Machado el miércoles utilizó la ceremonia para recibir del Premio Nobel de la Paz para ofrecer un amplio recuento de la lucha de dos décadas que su país lleva contra el autoritarismo, presentando la crisis de Venezuela no solo como una tragedia nacional, sino como una advertencia global sobre la fragilidad de la democracia y el precio de la libertad. Machado no pudo salir de Venezuela —donde vive escondida— a tiempo para asistir a la ceremonia en Oslo. Sus palabras fueron leídas por su hija, Ana Corina Sosa Machado, ante miembros de la familia real de Noruega y diplomáticos internacionales. Incluso en su ausencia, dijo Machado, el mensaje llevaba la voz de una nación —el eco de “millones de venezolanos que se levantaron, una vez más, para reclamar el destino que siempre fue suyo”.
Momentos después de recibir el premio en nombre de su madre, Sosa anunció que esperaba abrazar a Machado en Oslo en cuestión de horas —y que la líder opositora tenía la intención de regresar a Venezuela “muy pronto”. “Debo decir que mi madre nunca rompe una promesa. Y por eso, con toda la alegría de mi corazón, puedo decirles que en solo unas horas podremos abrazarla aquí en Oslo después de 16 meses”, dijo a los asistentes a la ceremonia. Agregó que, aunque ella y su madre habían esperado dos años por este momento, era consciente de las otras hijas e hijos de Venezuela “que hoy no podrán ver a sus madres”. “Esto es lo que la impulsa, lo que nos impulsa a todos”, continuó Sosa. “Ella (Machado) quiere vivir en una Venezuela libre y nunca renunciará a ese objetivo. Por eso todos sabemos —yo lo sé— que pronto estará de vuelta en Venezuela”..
Sosa inició sus palabras, expresando una “gratitud infinita” en nombre de su familia y del país al Comité Noruego del Nobel por reconocer que “la lucha de todo un pueblo por la verdad, la libertad, la democracia y la paz es hoy reconocida en todo el mundo”. “Estoy aquí en nombre de mi madre, María Corina Machado, quien ha unido a millones de venezolanos en un esfuerzo extraordinario que ustedes, nuestros anfitriones, han honrado con el Premio Nobel de la Paz”, dijoDurante los siguientes 40 minutos, su hija leyó el discurso de Machado, que trazaba el arco de la historia venezolana, desde la independencia hasta la prosperidad petrolera del siglo XX y el posterior desmantelamiento de las instituciones democráticas bajo Hugo Chávez y Nicolás Maduro. La conferencia fue tanto un tributo a los ciudadanos comunes que resistieron la represión como una hoja de ruta hacia lo que describió como la inminente transición democrática de Venezuela. “La libertad no es algo que esperamos, sino algo en lo que nos convertimos”, dijo, argumentando que el autoritarismo echó raíces no solo por las ambiciones de los gobernantes, sino por una sociedad convencida de que su democracia era inquebrantable. “Mi generación nació en una democracia vibrante y la dimos por sentada. Asumimos que la libertad era tan permanente como el aire que respirábamos”.
Dijo que la concentración de los ingresos petroleros en manos del Estado creó “incentivos perversos”, convirtiendo la riqueza pública en una herramienta de control político y erosionando la cultura cívica necesaria para sostener una república. Cuando Chávez —un exgolpista— ganó las elecciones de 1998, muchos creyeron que el carisma podía reemplazar a las instituciones. “A partir de 1999, el régimen desmanteló nuestra democracia”, dijo. “Erosionaron las instituciones, politizaron las fuerzas armadas, censuraron a la prensa y criminalizaron la disidencia”.
El colapso, añadió Machado en su discurso, fue moral además de económico. La riqueza petrolera “no se usó para elevar, sino para amarrar”, dijo, recordando las entregas televisadas de electrodomésticos que ocultaban el aumento de la pobreza. En dos décadas, la economía se contrajo más de un 80%. La pobreza superó el 86%. Casi nueve millones de personas huyeron —un éxodo que describió como “una herida abierta” que desgarró familias a través de continentes. Sin embargo, el exilio, dijo, finalmente forjó unidad. En 2023, cuando la oposición organizó elecciones primarias a pesar de la represión y la escasez de recursos, Venezuela “se redescubrió a sí misma”. Sin acceso a los medios y con eventos de campaña realizados en medio de apagones y escasez de combustible, los simpatizantes difundieron el mensaje “solo por convicción”.
